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Compliance 5.0: del control al valor en el contexto colombiano

El cumplimiento (compliance) es el conjunto de políticas y procedimientos que permiten a las organizaciones actuar conforme a la ley y a estándares éticos. Durante décadas, el énfasis del cumplimiento estuvo en el control y la prevención de infracciones. La evolución de la tecnología, la creciente complejidad regulatoria, la presión por la transparencia y la demanda de prácticas responsables han impulsado una transformación profunda. En la última década se empezó a hablar de Compliance 4.0, caracterizado por el uso de inteligencia artificial (IA) y big data para optimizar procesos, automatizar tareas y mejorar la toma de decisiones, así como por la adaptación a nuevas modalidades de trabajo y a la sostenibilidad. Hoy se plantea un nuevo paradigma, Compliance 5.0, que no busca únicamente controlar, sino crear valor integrando la ética, la cultura organizacional y la sostenibilidad.

Evolución hacia Compliance 5.0

La evolución del compliance puede dividirse en varias etapas:

  1. Compliance 1.0 (detector): enfoque reactivo basado en auditorías y verificación del cumplimiento normativo.

  2. Compliance 2.0 (preventivo): incorporación de políticas internas y capacitación para prevenir infracciones.

  3. Compliance 3.0 (gestión de riesgos): adopción de metodologías de gestión de riesgos y mayor coordinación con el negocio.

  4. Compliance 4.0 (digital): uso de tecnologías avanzadas (IA, big data, automatización) para detectar patrones de riesgo, optimizar procesos y gestionar ciberseguridad.

  5. Compliance 5.0 (cultura y valor): propuesta emergente que ve el cumplimiento como un elemento centrado en la cultura; busca crear valor al alinear la estrategia empresarial con la ética, la sostenibilidad y la confianza. Como señalan Hui Chen y Caitlin Handron, el cumplimiento debe ofrecer marcos que ordenen la complejidad cultural y animen o desincentiven determinados comportamientos.

Concepto de Compliance 5.0

El concepto Compliance 5.0 parte de que la función de cumplimiento no puede limitarse al control y a la prevención. Se inspira en la Sociedad 5.0 y la Industria 5.0, que buscan el equilibrio entre tecnología y bienestar humano.

Características clave:

  • Centrado en la cultura: un programa de cumplimiento maduro incorpora cultura organizacional, comunicación efectiva y análisis de datos para comprender por qué se producen las conductas indebidas y cómo la cultura puede incentivar o disuadir esas conductas.

  • Perspectiva holística y ética: integra la sostenibilidad ambiental, la diversidad e inclusión y el bienestar de los empleados dentro de la gestión de riesgos. El artículo de TusDatos resalta que la adopción de nuevas tecnologías debe acompañarse de la prevención de riesgos psicosociales, la promoción de la diversidad y la gestión digital del talento.

  • Tecnología para la transparencia: la IA y el big data son aliados para detectar patrones complejos, automatizar la debida diligencia e identificar cambios en los perfiles de riesgo. Sin embargo, su uso debe regirse por principios éticos y controles sobre la calidad de los datos y los sesgos.

  • Creación de valor: el cumplimiento se convierte en un generador de confianza y reputación y en un habilitador de negocios sostenibles. La meta no es solo evitar sanciones, sino aportar a la competitividad y al logro de los objetivos estratégicos.

Contexto normativo colombiano

Programas de transparencia y ética empresarial

La Ley 2195 de 2022 introdujo en Colombia la obligación general para las personas jurídicas de adoptar programas de transparencia y ética empresarial. El artículo 9 de esa ley adicionó el artículo 34‑7 a la Ley 1474 de 2011, estableciendo que las empresas deben implementar auditoría interna y que las superintendencias determinarán el contenido de dichos programas. El incumplimiento conlleva sanciones administrativas. Para vigilar estos programas, el Decreto 092 de 2022 creó la Dirección de Cumplimiento en la Superintendencia de Industria y Comercio, encargada de vigilar la adopción efectiva de los programas de compliance y de supervisar el cumplimiento de condicionamientos en materia de competencia.

SAGRILAFT y la figura del oficial de cumplimiento

Colombia también ha ampliado la obligación de contar con un oficial de cumplimiento. Según la Superintendencia Financiera de Colombia, las entidades vigiladas deben incorporar un sistema de cumplimiento que incluya la figura del oficial. La Superintendencia de Sociedades exige a muchas empresas un Sistema de Autocontrol y Gestión del Riesgo Integral de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo (SAGRILAFT) cuando sus ingresos o activos superan 40 000 salarios mínimos y pertenecen a sectores como el inmobiliario, jurídico, contable y de activos virtuales. Esta regulación ha trasladado la responsabilidad del cumplimiento más allá del sector financiero y exige que las empresas cuenten con oficiales capacitados que dependan directamente de la junta directiva.

Incorporación de IA en la supervisión

En 2025 la Superintendencia Financiera de Colombia anunció la implementación de una herramienta Suptech basada en inteligencia artificial para evaluar la idoneidad de los sistemas de prevención de lavado de activos y financiación del terrorismo. Esta solución automatiza la revisión del diseño de los programas y puede procesar grandes volúmenes de datos, identificar patrones de riesgo y aprender con cada evaluación. La autoridad destaca que la supervisión tradicional se centraba en los resultados, mientras que la IA permite una evaluación integral y proactiva que reduce tiempos de procesamiento y mejora la calidad de la supervisión.

Tendencias y riesgos para 2025

El Estudio de Gestión de Riesgos en Latinoamérica 2025 realizado por Pirani señala que inteligencia artificial, automatización, cambio climático y cambios regulatorios son las principales dificultades que enfrentan las empresas en la región. Los principales riesgos identificados para 2025 son:

  • Ciberseguridad y protección de datos (67,5 %),

  • Cambio regulatorio y cumplimiento normativo (62,2 %),

  • Fraude y delitos financieros (48,8 %),

  • Continuidad del negocio (47,2 %),

  • Incertidumbre macroeconómica y geopolítica (43 %).

El estudio también destaca que la falta de cultura de riesgos es la dificultad más frecuente (36,1 %) y que muchas organizaciones carecen de herramientas tecnológicas y de compromiso de los colaboradores. Estos hallazgos evidencian la necesidad de avanzar hacia un compliance más holístico y estratégico.

De la función de control a la creación de valor

En el pasado, los programas de cumplimiento en Colombia se centraban en evitar sanciones y en controlar los riesgos de lavado de activos, corrupción y competencia desleal. La legislación como la Ley 2195 de 2022 refuerza la obligatoriedad de estos programas y la existencia de un oficial de cumplimiento. No obstante, la llegada de Compliance 5.0 sugiere ir más allá:

1. El compliance como socio estratégico

La función de cumplimiento puede convertirse en un socio estratégico del negocio. En lugar de ser visto como el “departamento del no”, el cumplimiento debe participar en la toma de decisiones, aportar perspectiva ética y anticipar riesgos que pueden afectar la sostenibilidad y reputación. El uso de IA y suptech, como la herramienta adoptada por la Superintendencia Financiera, demuestra que la tecnología puede reducir tiempos y mejorar la eficacia de los controles. Para las empresas, aprovechar la tecnología implica organizar los datos, automatizar la debida diligencia e incorporar análisis de expertos en la interpretación de los resultados.

2. Cultura y liderazgo

La cultura organizacional determina cómo se interpreta y aplica la normativa. Hui Chen y Caitlin Handron señalan que la relación entre conducta indebida y cultura es compleja y que los programas de compliance deben ofrecer marcos que incentiven comportamientos deseados. En Colombia, la falta de cultura de riesgos identificada por el Estudio de Pirani muestra que muchas organizaciones aún perciben el compliance como un requisito formal. El Compliance 5.0 exige liderazgo comprometido, transparencia, canales de denuncia seguros y capacitación continua que promueva valores éticos.

3. Sostenibilidad y criterios ESG

La sostenibilidad se está incorporando en las normativas colombianas. La Superintendencia de Sociedades exige que las empresas presenten informes de sostenibilidad y prioricen la reducción de su huella ambiental, la economía circular y la responsabilidad con proveedores. El compliance 5.0 integra los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en la gestión de riesgos y considera que la sostenibilidad genera valor reputacional y financiero.

4. Gestión de riesgos de terceros

La globalización y la digitalización aumentan la exposición a riesgos de terceros. Las empresas deben evaluar continuamente el cumplimiento de sus socios, supervisar sus controles y establecer cláusulas contractuales de compliance. La IA permite identificar cambios en los perfiles de riesgo y mejorar la debida diligencia.

5. Ética en el uso de la tecnología

Aunque la IA agiliza la gestión del riesgo, su implementación conlleva desafíos: calidad de los datos, sesgos en los modelos y responsabilidad ante las fallas. El artículo de TusDatos advierte que es necesario desarrollar IA basada en principios éticos, revisar la calidad de los datos y supervisar su funcionamiento. Además, el GAFI plantea que los países deben fomentar medidas simplificadas de debida diligencia y ajustar sus regulaciones para evitar la exclusión financiera. En consecuencia, el compliance 5.0 exige un diálogo constante entre regulación, innovación y ética.

Recomendaciones para adoptar Compliance 5.0 en Colombia

  1. Alinear el compliance con la estrategia: integrar la función de cumplimiento en la planificación estratégica y considerar el cumplimiento como una ventaja competitiva que aporta valor a los grupos de interés.

  2. Fortalecer la cultura organizacional: fomentar valores éticos, transparencia y canales de denuncia; sensibilizar a todos los colaboradores sobre los riesgos y su rol en la prevención; medir la cultura y ajustar programas según los resultados.

  3. Invertir en tecnología responsable: implementar herramientas de IA y analítica de datos para detectar patrones de riesgo, automatizar procesos y facilitar la supervisión; establecer controles para garantizar la calidad de los datos y mitigar sesgos.

  4. Gestión integral de riesgos: adoptar un enfoque basado en riesgos para cumplir con las exigencias de la Ley 2195 de 2022 y el SAGRILAFT; evaluar la exposición a nuevos riesgos (ciberseguridad, climáticos, ESG) y actualizar los mapas de riesgo de manera dinámica.

  5. Programas de transparencia y ética empresarial: diseñar y documentar programas que cumplan con los lineamientos de las superintendencias y que integren aspectos de sostenibilidad, derechos humanos y anticorrupción.

  6. Colaborar con las autoridades y participar en la conversación: mantenerse informado sobre las actualizaciones normativas, participar en foros de compliance y colaborar con las autoridades para construir mejores estándares.

El concepto de Compliance 5.0 propone un cambio de paradigma: pasar de una función de control a una fuente de valor que integre cultura, tecnología, ética y sostenibilidad. En Colombia, la normativa reciente (Ley 2195 de 2022, SAGRILAFT) y la adopción de herramientas de inteligencia artificial por parte de la Superintendencia Financiera muestran un entorno propicio para esta evolución. Sin embargo, persisten desafíos: la falta de cultura de riesgos, la complejidad regulatoria y los riesgos emergentes como la ciberseguridad y el cambio climático. Para transformar el compliance en un generador de valor, las organizaciones colombianas deben adoptar un enfoque holístico, invertir en tecnología ética, fortalecer la cultura y alinear sus programas con la estrategia empresarial y los criterios ESG. Solo así el cumplimiento dejará de ser el departamento del “no” para convertirse en un motor de competitividad, confianza y sostenibilidad.

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